lunes, 18 de julio de 2016

LOS 87 DE LA MAESTRA Y TÍA, EDILIA

¿Quién es la tía Edilia?
Esta es la pregunta que me hicieron algunas personas cuando les avisé, mediante whatsapp y correo electrónico, que en mi mente hacía nido la idea de escribir un artículo para la tía Edilia, la que yo llamo "La dama de hierro", ya verán por qué la llamo de esa manera.
Sé que a todos, sin excepción, les resultará histórica esta
 foto. Ahora, les confieso hay algo inusual en la imagen
 que no atino  saber qué es: ¿será la sonrisa, la
 mirada, el traje o los zarcillos?
No sé, pero hay algo que... 


Bien, les decía que me hicieron esta pregunta y, por supuesto, voy a responderla antes de entrar en otros pormenores de esta ejemplar tía. Pues resulta que la susodicha es nada más y nada menos que la esposa del galán de mis tíos, el tío Alberto Rodríguez Dávila (le lanzo piropos al tío porque ya casi todos sus hermanos son difuntos y los que quedan vivos son mujeres y no se pondrán celosos, excepto el tío Simón, el maraco de mis tíos maternos, ah, pero él jamás se opondría pués sé de su noble corazón que no acepta dobleces. Como ven, amigos lectores, yo sé cómo se mueve el chocolate), y la madre de ocho hijos, mis primos, tan igualitos a sus padres, y, por si fuera poco son... no, mejor no lo digo porque lo que me pasó por la mente sí puede traer roncha en aRgunos (como diría er conde der Guácharo).
El matrimonio merideño del siglo XX.
 Cualquiera dirá que yo no pierdo oportunidad
para incorporar a tío Alberto en todos los artículos
 y que tal y tal y Pascual (por supuesto, me refiero  a los
 periodistas), pero, la verdad verdaíta es que lo seguiré
 haciendo, pues, es privilegiado todo ser que, como el de la
foto, siempre tuvo una sonrisa a pesar de que los vientos no le 
soplaran  algunas veces  a su favor. Conformó la familia que yo,
en verdad, quisiera haber tenido.


Necesito remontarme algunos 59 o 60 años, cuando yo tendría tres o cuatro años
Tendría yo esa edad, recuerdo algunas cosas vagas de esos momentos y de la figura de la tía Edilia. Para mí no había diferencia entre tíos de carne y tíos políticos. Todos mis siete hermanos la llamaban tía Edilia y así se quedó para mi existencia (y así será siempre, pues ante la falta de mi tío me alivia saber que ella existe, pues es su costilla más vigorosa). Sí, recuerdo su temple de maestra, de madre, de esposa del tío, de sus órdenes sanas para que su casa, la de La Trampa, estuviera en orden, con comida, con el piso limpio, en fin, con todo lo que hace una buena mujer por el techo que Dios le dio.

Por supuesto que yo no vivía allí sino que me mandaban allá durante los días de vacaciones o porque en mi casa no teníamos suficiente comida, mientras que la tía, la dama de hierro, podía sacar de la tierra la cebolla, la papa, la... y unirla al queso, leche y huevos que le daban sus animales (me parece más creíble este último caso, en verdad, era por necesidad, en serio, se los juro por el primer puente sobre El Lago antes de derrumbarse).

No podía yo perderme la oportunidad histórica de aparecer
 en la foto sobre la escuelita hermosa donde la tía Edilia
impartía clases. Cuántos gratos y nostálgicos
 recuerdos  vendrán a la  mente de tía
 cuando vea estas fotos. 


En aquella casita de La Trampa me parece recordar que la tía Edilia daba clases, pues, repito, era maestra, hoy lo sigue siendo pero algo ya más calmada, vaya, vaya, qué fortaleza, qué temple, qué aguante para dirigir todo en medio de la nada, pero al lado de la sapiencia que Dios le daba día tras día para, además de enseñar a sus alumnos, proseguir la enseñanza a cada hijo que le iba naciendo. Imagino que ella, al igual que mi madre Petra  María Rodríguez de Zambrano, la madre del siglo XX, tendría un hijo en la rodilla, otro en los brazos y un tercero en la barriga, sí, sí, lo digo por la cantidad de hijos que ambas tuvieron (vivos, porque de los no vivos hablaré en otra entrega).


Por supuesto que no iba 
a dejar por fuera a la madre
del siglo XX; la Petra que
trajo al mundo a este humilde 
vagabundo que solo pide perdón; 
la madre, hermana de tío Alberto, 
el esposo de la homenajeada de hoy
(la foto no está muy nítida pero, yo co-
mo hombre la seleccioné pues mi madre
se ve allí súper de todo. Ja, hermosísima. Sí)


Esta foto la tomamos en la antigua escuela, se me olvidaba hacer
 las presentaciones del lugar: el de sombrero, la abuela, la de camisa
 amarilla y la niña son los lugareños y parroquianos son los encargados de dar ahora 
las clases allí. Perdón, fue un error del corresponsal (ya le rebajaré el sueldo).
 El sombrerúo es el primo Alberto, a su lado la abuela residente en el lugar, Adriana 
(camisa amarilla y esposa del primo filósofo, y la hija de ambos; Alessandra(y detrás, 
el primo preferido de ellos; así me lo han confesado, y me han solicitado
 "por lo que más quieras" que no lo publique. Se me olvidó la promesa).


Paréntesis obligatorio
Discúlpenme, queridos lectores, comencé hablando de la tía Edilia, y ahora, sin darme cuenta, hablo de mí, de mis hermanos, de mi madre, ja, qué personalista me he vuelto, es un protagonismo interno con el que lucho pero él, ja, ni se deja, y produce estos impases con mis lectores que, en verdad, me perjudican mucho, pues ¿qué irán a decir de mí, los muy...?, y lo peor: ¿cómo los engancharé para que no se fastidien con mis palabras y me lean hasta el final?, procuraré corregir estos errores narrativos con que vine al mundo, lo prometo, lo prometo, ah, pero tengan presente que del dicho al hecho...
Detrás, la prima músico Alessandra (hija de los primos Alberto
y Adriana
), la tía y su sobrino preferido (en serio, ella, con su

mismísima boquita me lo confesó en ese momento, tengo por
testigo a Alessandra, por eso su risa en la foto luego de que
 la tía me hiciera tal confesión; por favor, no me critiquen
 por tener yo esa cualidad de ser el preferido de muchos 
familiares). Ah, nótese la mirada penetrante de la tía,
 y díganme: ¿es fuerte, como de hierro? 
Fiiiino, esa es mi tía.




Prosigo: Les decía que en aquella casita... había del lado exterior un muro de tierra donde yo, con un carrito y algún pequeño palito hacía una carretera a la altura de mis hombros, por allí pensaba pasear con mi carrito. Este era pequeñito, casi que podría ocultarlo dentro de una manito mía, ah, pero, cada día construía un tramo de la carretera con el sueño de verla terminada, en el muro de algunos cinco metros de largo. La imaginaba como esas carreteras como la de La Trampa, con farallones inmensos y cruces de ex choferes cada 200 metros. Sí, quería verla terminada. Nunca la vi concluida, no, no. Y no sé por qué. Tal vez me trajeron para Caracas y con el tiempo ya no estaba el pequeño surco para el carrito. 
Lectores, lo del carrito apártenlo, solo piensen que desde allí, desde la construcción de mi carretera, podía ver quién entraba y salía de la casa. Bueno, en realidad eran muchos visitantes, y creo recordar que eran alumnos de todas la edades. Y por supuesto, la tía Edilia como centro de aquella hermosa casita. Esa, creo, no era la casa central de la tía, era como una casa de campo de esas de los millonarios, pero sin el campo, y sin los millones, jajaja, ah, pero con carretera, la mía. 

Yo sabía, desde mi murito, que la tía sabía muy bien que yo me orinaba en la cama, vaya, qué pena, pero era así, me orinaba en la cama, y no recuerdo pero imagino que la tía, la dama de hierro, era quien lavaba la cama, mi ropita, y para colmo, me llamaba desde la cocina para que me lavara y me sentara a comer. En cuanto a la pena por los orines, creo que se fue haciendo costumbre la sesión del líquido amarillo pues no recuerdo que ella me hubiese dicho algo al respecto, tampoco recuerdo cómo yo hacía con la ropa limpia. "Solo sé que no sé nada", dice un sabio; yo solo digo: solo sé que me orinaba.
Cuando yo tendría seis años, y Rita con algunos dos años,
por supuesto, esa foto la montó  en  foto shop Rita,
ustedes ya se habrán dado cuenta que ella
sabe  montar un ojo o un color donde no
 hay, entonces, si me ven hermoso es
 porque ella lo hizo, jajaja,
son cosas del amor


El porqué de lo de "la dama de hierro" 
Algún mal pensado y criticón (porque hay hasta para exportar para el mundo) quizás asociará este calificativo con la Tacher, la del país de las libras esterlinas, pues no, no, por ahí no van los tiros. Desde mi labor como constructor de carreteras, desde allí en el murito, podía escuchar todo lo que se hablaba (recuerden que en el campo hasta los cantos de los grillos hacen ruido ensordecedor), sí, desde mi lugar podía darme cuenta del temple de la tía Edilia. 
Ella lo sabía todo. Todos los visitantes le preguntaban cosas de animales, de estudio, de letras, de cuentos, de... vaya, era una biblioteca andante. Ella nunca supo que yo me daba cuenta de todo, pues jamás yo quise interrumpir alguna actividad en esa casa, escuela, trabajo y centro para proyectar carreteras.

Esa fortaleza suya fue haciéndose costumbre en mi mente, era como verla y compararla con el árbol más grueso y fuerte de toda La Trampa, hasta el tío Alberto (a quien yo veía como un gigante con eterna sonrisa de niño) le hacía preguntas disimuladas, es decir, él no quería que ella se diera cuenta de que él estaba preguntando algo, y le hablaba con tono donde la pregunta quedaba soterrada por alguna mueca y sonrisa, pero ella, se daba cuenta de la treta y le daba una respuesta donde él quedaba como el que no preguntó, sino que se enteró por casualidad, jajajaj, eso, en verdad, recuerdo con gran cariño de esa hermosa relación conyugal.

Además, cuando alguien tenía un problema, una mujer dando a luz, un difunto a punto de serlo, o uno afirmando que no lo era, un caballo sin o con..., las luces, los cuentos, o, en fin, cualquier pregunta urgente, ¿pueden ustedes, queridos lectores, imaginar a quién buscaban para que les respondiera la interrogante o les diera luces para algo?, ¿qué comen ustedes que adivinan todo?, pues, a la tía Edilia.
Una mujer que poco a poco me producía mucho abrigo y amparo pues, cocinaba, era maestra, sembraba, cosechaba, lavaba mis pantalones y cama orinados, me alimentaba, además de a todos sus ocho barrigoncitos, les daba de comer a los animales, pintaba (cuando había cal o avestina). 

Sin ella (sin la dama de hierro a su lado), y es la profunda verdad que revolotea en mis reflexiones, el tío Alberto no hubiese sido tan grande como lo fue y lo seguirá siendo mediante sus descendientes, a quienes él mismo nombraba como "Una Grandeza" cuando se refería a sus ocho hijos, 25 nietos y 13 bisnietos (datos que me proporcionó la prima Aída este domingo 10 de julio de 2016, pues no creo que ustedes, lectores, vayan a suponer que yo me la paso o tengo por costumbre llevar la cuenta de los hijos, nietos y bisnietos de mis tíos).

Foto tomada el día de las madres de este año 
2016; fíjense en la sonrisa y la mirada calma 
producto de una vida satisfecha; en haber
 utilizado el tiempo en cuestiones dignas, 
en formar tan hermoso cuadro familiar.

Volvamos al tiempo actual, es decir: 59 o 60 years después
Estamos en la segunda década del siglo XXI, la casita donde la tía daba clases está maltrecha por los sismos ocurridos en los últimos días. Por supuesto que ni se me ocurre preguntar por mi carretera pues imagino tamaña respuesta. Solo pienso en ella (en la carretera) como uno de mis muchos proyectos que he comenzado, pero... que se quedaron en el tiempo a medio hacer, o solamente realizados en mi mente cuales testigos de que un día tuve algo por hacer, por crear, y que, por razones ajenas a mi voluntad, se volvió viento susurrante que de vez en cuando truena en su silencio.

Y si volvemos al tiempo actual debo situarme en el día 23 de julio de este 2016, cuando la tía Edilia cumple ochenta y siete (87) años. Cuando llegue ese día ya habrán pasado diez días desde que mi hija Flor Karina cumplió años (cumple el 13 de julio), y, para seguir la tónica parece que en esta descendiente mía se reproduce el calificativo de "Dama de hierro", pues mi hija, viéndolo bien, y haciendo las comparaciones respectivas y el carácter de la tía homenajeada, pareciera traer mucho de lo que nos ha dado la tía Edilia. Ah, pero ya les hablaré, en otra oportunidad, de mi hija.
Sí, 87 años excelentemente vividos y sorteando los escollos para proseguir en todo momento con la crianza de sus ocho muchachos, para seguir la huella dejada por el tío de la eterna sonrisa, para continuar dando el brillo sustentador de unión entre sus descendientes directos, en fin, para continuar dando su follaje de árbol bien plantado a fin de que muchos se cobijen en ella, en sus decisiones, en sus momentos de vida, de familia, de bondad y de lucha ganada. Pregunto tenuamente ¿no les parece que es una verdadera dama de hierro?



La ventana 
Ah, la tía de Chiguará, la que un día estuvo suspirando por su Alberto desde que lo vio por primera vez en aquella ventana de la Cuesta, la ventana que sigue allí, a la que le tomé la foto al no resistir la emoción de saber que en ese sitio ella, por primera vez, vio los ojos azules de su galán Alberto, el hermano de mi madre, el de la sonrisa eterna, el que le arrancó de una, la ilusión y la ternura, para hacerla su esposa, compañera de toda una vida, la madre de "la grandeza" que él siempre vio en sus retoños y en la prole extensa. La ventana que, si hablara, qué cosas no nos dijera, cuántos versos, cuántos mimos, cuántos días pensativos, pensando el uno en el otro, que si esto, que si aquello, quizás pensaron fugarse, no, no, eso no creo, pues tenían mucho tiempo, pero... pensándolo bien, sí lo pensaron pues "cuando el amor llega así de esa manera uno no se da ni cuenta", jajaja. 
No entraré en intimidades, pero sí les mostraré la famosa ventana y luego, ustedes, queridos lectores, imaginen qué se dijeron este par de tórtolos a través de sonrisas, miradas, agarraditas de manos, carticas, sí, los imagino, y los invito a hacer lo mismo pero bajo un manto de respeto y del mejor pensamiento, pues, no se olviden que estamos hablando de mis tíos, hum, mucho cuidado con lo que piensan: 


En la casa de la izquierda está un corredor, ella está en La cuesta, allí era  donde llegaba el tío Alberto cuando se le escapaba a su papá. Rosalino. Les decía que hay 
un corredor y, al final, a la derecha, hay una  ventanita, la que está en
 la siguiente foto. Allí era donde 
el galán  de la familia, con sus ojos azules y su patilla, tipo Sandro, coqueteaba con 
la dama que se asomaba a la ventana. Él le decía: "Rapuncel, perdón, Edilia,
lánzame tus trenzas de oro", y ella se las lanzaba, bueno, no me  
pregunten  cómo, lo cierto es que la historieta de ese  par de
 personajes, terminó en ... en la foto de la derecha cuando, 
en 1950, ella, con su traje tipo sirena, y él con su porte
 de "aquí estoy, ya yo llegué" , y con mi hermano Luis 
Hibernón y el primo Alfonzo Uzcátegui, que 
tuvieron que servir como pages, y al pie de los 
enamorados...  terminó en, snift, en ...
matrimonio. Ja, ja, el de los ojos 
azules  se la llevó, y bien,
 lejos: la escondió en  la 
escuelita jajaja, en 
serio, bueno, eso es lo que me llega a la mente sobre esta parejita tan revoloteante, síi

Los hijos de tía Edilia
 Son ocho y están maduritos todos, me refiero a que no son aquellos niños a quienes conocí, no, hoy están casados y tienen hijos. Bueno, para ser sincero, no los conozco a todos pues hay algunos a los que no he visto, o por lo menos no recuerdo ese momento. He conocido a Aída, a Alberto, Romauro, Alexis y a Rubén Darío. Me quedan por conocer: Néstor, Carlos y Roso.

Comencemos por la dama del grupo, Aída. Es otra tía Edilia, su cara y gestos similares. No hablaré mucho de ella porque ya le dediqué toda una entrada para ella y su esposo Alexander en el blog familiar ("DESDE LA TRAMPA, MÉRIDA, PARA EL MUNDO"). Lo que me impresionó es que se desvivió y me llamaba todos los días para hablarme de esa entrada. Vaya, prima que tengo.

Romauro: es más fácil hablar con Obama que con el primo. Sé que son sus muchas ocupaciones.

Alexis: de buena mirada, atento, me parece buena persona, estoy seguro de que cuando lo he llamado se preguntará: ¿y para qué me llamará este loco?, jajaja, eso he pensado. Yo también lo hubiese pensado si tuviera un primo que nunca he visto, y de repente lo veo haciendo libros para la familia, pidiendo fotos y llamándome, jaja, lo vería hasta sospechoso, seguro.

El primo Alberto: la gota del padre, hasta en la manera de arreglar la tierra. Este primo tiene una diferencia notable con su padre, ¿cuál es, preguntan?, vaya, vaya, veo que ustedes son impacientes, déjenme contarles las cosas a mi modo y no me estén apurando porque no les cuento nada, bueno, no es tanto así… ah, el primo, sí, bueno, a este ejemplar de la familia le gustan las flores, las matas hermosas, los colores, en fin, todo aquello que irradie hermosura natural. No podría criticarlo porque poseo gustos semejantes; veo en el color, en el arreglo, parte de la belleza de las cosas. Sí. Ah, y se nota que este primo ha leído parejo porque por ratos le escucho un vocabulario lleno de palabras biofísicas o extraplanetarias, jajaj, en serio, ah, pero las entiendo, es decir, lo entiendo… excelente primo. La diferencia es que el padre, tío Alberto, no comulgaba para nada con las flores u otros elementos ornamentales.

Rubén Darío: muy agradable y atento como buen político que es. Una sonrisa que casi duerme con ella y una palabra amable a flor de labios; atento como su hermano Alberto y su cuñado Alexander. 

Los tres restantes; Roso (Rosalino), Néstor y Carlos, están en la lista de primos por conocer. Deben ser de igual estatura moral que sus otros hermanos pues mi tío Alberto no produjo simiente negativa, sino unos muchachos trabajadores y buenos hermanos. 
Izquierda a derecha: Roso, Carlos, Alexander (buscaba a como
diera  lugar entrar en la familia), la graduanda Aída, Alexis,
el tío de la hermosa sonrisa y el primo Alberto. Eran días
en que Romauro y Rubén Darío eran los fotógrafos de la
 familia, ellos no aparecen en la foto porque estaban  
ocupados tomando la misma, y no podrían  
estar en dos lugares al mismo tiempo,
caramba, por favor, considérenlos, 
mis queridos lectores.
Al fin los dos fotógrafos de la familia tuvieron un descansito, pues lanzaron
sus cámaras al río y se apostaron para la foto; Rubén Darío a la derecha 
con su mano izquierda sobre su pierna izquierda (sabe posar) y a su 
lado  Romauro quien, a pesar de querer pasar por debajo de la 
mesa con la gorrita, pude reconocerlo (la foto fue tomada
 por el nuevo fotógrafo familiar cuyo nombre aún no sé, 
en la casa del Primo Alberto en La Trampa). 
La agencia EFE
informó que ese día se celebraba un cumpleaños
 del primo Alberto. 


A la izquierda, la sonrisa de oreja a oreja por los besos simultáneos de dos de
sus hijos, Carlos y Néstor. A la derecha, la tía, su hijo Alexis and I.


Se estaba rodando la película cuyo título era: hombres y mujeres separados,
en la foto de arriba y a la izquierda, en un descanso de la grabación, la tía
Edilia se puso el sombrero de vaquero, el mismo que usó en una película
del oeste cuyo nombre no recuerdo bien, pero era algo así, como:
 "En Chiguará nació la dama de hierro"

Tía, Edilia: este pequeño homenaje en tu cumpleaños, y de eso estoy seguro, forma parte de cuanto puede sentir cualquier integrante de la gran familia nuestra. En otras palabras, los 87 que celebramos en esta oportunidad, forman parte del sentir de todos los que te conocemos y sabemos qué importante lugar, en todos los sentidos, has forjado dentro del ya gigantesco grupo familiar. 
Y a manera de otro pequeño regalo para este importante día, en el cual, y de esto también estoy seguro, estarás rodeada de tantos seres queridos, allá en Mérida, te envío dos fotos que ayudarán a la evocación de gratos recuerdos:
Rafael Rojas y Petra Vielma de Rojas,
los padres de tía Edilia (creo saber ahora
de dónde viene esa seriedad para las fotos
que tiene a flor de piel la tía cumpleañera)

Diomira (hermana de tía Edilia) y Petra Vielma de Rojas (madre de la cumpleañera
 homenajeada hoy 23 de julio). Las cosas de la vida: no les pasó nunca por la mente estas
 dos damas de la foto que, muchos años después de haber posado ante el fotógrafo 
(quizás ascendiente algo directo de Rubén D. y de Romauro), ellas iban
a formar parte viva del festejo a tía Edilia en su cumpleaños número 87.
(quiero decir algo de las miradas de estas dos damas: muy de hoy, ellas 
nos dicen que están de acuerdo con el homenaje sencillo  
a la tía cumpleañera, y dicen a todo pulmón:



!FELIZ CUMPLE 87, TÍA EDILIA¡


Espacio para Rita:
Ante todo gracias a Dios y a Carlos por darme la oportunidad de escribir en esta edición del blog "Desde la Trampa, Mérida, para el mundo", más en esta, dedicada a una mujer, realmente admirable, a quien he aprendido a querer a través de Carlos y su familia.
Después de escuchar hablar de ella en diversas oportunidades, en septiembre 2012, en un viaje que hicimos a la ciudad de Mérida -con la finalidad de recaudar material para la elaboración de "Cien décimas póstumas a mis padres"-, por fin, la conocí: una señora con mucha energía, muy lúcida, aplomada, algo seria ,pero con un halo de tranquilidad que rompe cualquier barrera que pudiese alzarse ante aquella seriedad.
Una mujer, que en ese momento se solidarizó con el proyecto de nos llevó a esa visita y colaboró muchísimo con nosotros, dio a entender la importancia que para ella tiene la familia. Esa fue la primera impresión.
Después de casi cuatro años, en marzo de este año (2016), nuevamente me tocó compartir con tía Edilia, descubrí que además de enseñar y educar, le gusta bordar, lo constaté cuando pude ver unos lindos bordados en punto de cruz realizados con sus propias manos. Conocí lugares donde vivió y sacó adelante con amor y dedicación -apoyada por su eterno enamorado, tío Alberto-, una hermosa y encantadora familia, respetuosa, con principios y valores rectos, creyentes en Dios, todos, absolutamente todos, encantadores, los hijos, los nietos y bisnietos de la tía Edilia. En fin, les confieso, se ganaron mi corazón, me sentí tratada como parte de su familia, es más, los siento como mi familia. Eso fue lo que tío Alberto y tía Edilia construyeron para el mundo, son una institución.
Tía Edilia, hoy día, sigues manteniendo la unión familiar y enseñando con tu ejemplo de positividad y entereza.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TÍA EDILIA! 

¡QUÉ DIOS LA SIGA COLMANDO DE BENDICIONES!
Agradezco a Dios haberme dado la oportunidad de conocerte. A ti, gracias por tu cariño y acogernos en tu casa. Al resto de la familia, gracias, por hacerme parte de vuestra familia.

Tres imágenes mías: izquierda, con la prima Aída, única hija de tía Edilia;
en el centro, con la tía Edilia; a la derecha, con el primo Alberto, hijo mayor de tía, y con Carlos, mi amor.