lunes, 18 de julio de 2016

LOS 87 DE LA MAESTRA Y TÍA, EDILIA

¿Quién es la tía Edilia?
Esta es la pregunta que me hicieron algunas personas cuando les avisé, mediante whatsapp y correo electrónico, que en mi mente hacía nido la idea de escribir un artículo para la tía Edilia, la que yo llamo "La dama de hierro", ya verán por qué la llamo de esa manera.
Sé que a todos, sin excepción, les resultará histórica esta
 foto. Ahora, les confieso hay algo inusual en la imagen
 que no atino  saber qué es: ¿será la sonrisa, la
 mirada, el traje o los zarcillos?
No sé, pero hay algo que... 


Bien, les decía que me hicieron esta pregunta y, por supuesto, voy a responderla antes de entrar en otros pormenores de esta ejemplar tía. Pues resulta que la susodicha es nada más y nada menos que la esposa del galán de mis tíos, el tío Alberto Rodríguez Dávila (le lanzo piropos al tío porque ya casi todos sus hermanos son difuntos y los que quedan vivos son mujeres y no se pondrán celosos, excepto el tío Simón, el maraco de mis tíos maternos, ah, pero él jamás se opondría pués sé de su noble corazón que no acepta dobleces. Como ven, amigos lectores, yo sé cómo se mueve el chocolate), y la madre de ocho hijos, mis primos, tan igualitos a sus padres, y, por si fuera poco son... no, mejor no lo digo porque lo que me pasó por la mente sí puede traer roncha en aRgunos (como diría er conde der Guácharo).
El matrimonio merideño del siglo XX.
 Cualquiera dirá que yo no pierdo oportunidad
para incorporar a tío Alberto en todos los artículos
 y que tal y tal y Pascual (por supuesto, me refiero  a los
 periodistas), pero, la verdad verdaíta es que lo seguiré
 haciendo, pues, es privilegiado todo ser que, como el de la
foto, siempre tuvo una sonrisa a pesar de que los vientos no le 
soplaran  algunas veces  a su favor. Conformó la familia que yo,
en verdad, quisiera haber tenido.


Necesito remontarme algunos 59 o 60 años, cuando yo tendría tres o cuatro años
Tendría yo esa edad, recuerdo algunas cosas vagas de esos momentos y de la figura de la tía Edilia. Para mí no había diferencia entre tíos de carne y tíos políticos. Todos mis siete hermanos la llamaban tía Edilia y así se quedó para mi existencia (y así será siempre, pues ante la falta de mi tío me alivia saber que ella existe, pues es su costilla más vigorosa). Sí, recuerdo su temple de maestra, de madre, de esposa del tío, de sus órdenes sanas para que su casa, la de La Trampa, estuviera en orden, con comida, con el piso limpio, en fin, con todo lo que hace una buena mujer por el techo que Dios le dio.

Por supuesto que yo no vivía allí sino que me mandaban allá durante los días de vacaciones o porque en mi casa no teníamos suficiente comida, mientras que la tía, la dama de hierro, podía sacar de la tierra la cebolla, la papa, la... y unirla al queso, leche y huevos que le daban sus animales (me parece más creíble este último caso, en verdad, era por necesidad, en serio, se los juro por el primer puente sobre El Lago antes de derrumbarse).

No podía yo perderme la oportunidad histórica de aparecer
 en la foto sobre la escuelita hermosa donde la tía Edilia
impartía clases. Cuántos gratos y nostálgicos
 recuerdos  vendrán a la  mente de tía
 cuando vea estas fotos. 


En aquella casita de La Trampa me parece recordar que la tía Edilia daba clases, pues, repito, era maestra, hoy lo sigue siendo pero algo ya más calmada, vaya, vaya, qué fortaleza, qué temple, qué aguante para dirigir todo en medio de la nada, pero al lado de la sapiencia que Dios le daba día tras día para, además de enseñar a sus alumnos, proseguir la enseñanza a cada hijo que le iba naciendo. Imagino que ella, al igual que mi madre Petra  María Rodríguez de Zambrano, la madre del siglo XX, tendría un hijo en la rodilla, otro en los brazos y un tercero en la barriga, sí, sí, lo digo por la cantidad de hijos que ambas tuvieron (vivos, porque de los no vivos hablaré en otra entrega).


Por supuesto que no iba 
a dejar por fuera a la madre
del siglo XX; la Petra que
trajo al mundo a este humilde 
vagabundo que solo pide perdón; 
la madre, hermana de tío Alberto, 
el esposo de la homenajeada de hoy
(la foto no está muy nítida pero, yo co-
mo hombre la seleccioné pues mi madre
se ve allí súper de todo. Ja, hermosísima. Sí)


Esta foto la tomamos en la antigua escuela, se me olvidaba hacer
 las presentaciones del lugar: el de sombrero, la abuela, la de camisa
 amarilla y la niña son los lugareños y parroquianos son los encargados de dar ahora 
las clases allí. Perdón, fue un error del corresponsal (ya le rebajaré el sueldo).
 El sombrerúo es el primo Alberto, a su lado la abuela residente en el lugar, Adriana 
(camisa amarilla y esposa del primo filósofo, y la hija de ambos; Alessandra(y detrás, 
el primo preferido de ellos; así me lo han confesado, y me han solicitado
 "por lo que más quieras" que no lo publique. Se me olvidó la promesa).


Paréntesis obligatorio
Discúlpenme, queridos lectores, comencé hablando de la tía Edilia, y ahora, sin darme cuenta, hablo de mí, de mis hermanos, de mi madre, ja, qué personalista me he vuelto, es un protagonismo interno con el que lucho pero él, ja, ni se deja, y produce estos impases con mis lectores que, en verdad, me perjudican mucho, pues ¿qué irán a decir de mí, los muy...?, y lo peor: ¿cómo los engancharé para que no se fastidien con mis palabras y me lean hasta el final?, procuraré corregir estos errores narrativos con que vine al mundo, lo prometo, lo prometo, ah, pero tengan presente que del dicho al hecho...
Detrás, la prima músico Alessandra (hija de los primos Alberto
y Adriana
), la tía y su sobrino preferido (en serio, ella, con su

mismísima boquita me lo confesó en ese momento, tengo por
testigo a Alessandra, por eso su risa en la foto luego de que
 la tía me hiciera tal confesión; por favor, no me critiquen
 por tener yo esa cualidad de ser el preferido de muchos 
familiares). Ah, nótese la mirada penetrante de la tía,
 y díganme: ¿es fuerte, como de hierro? 
Fiiiino, esa es mi tía.




Prosigo: Les decía que en aquella casita... había del lado exterior un muro de tierra donde yo, con un carrito y algún pequeño palito hacía una carretera a la altura de mis hombros, por allí pensaba pasear con mi carrito. Este era pequeñito, casi que podría ocultarlo dentro de una manito mía, ah, pero, cada día construía un tramo de la carretera con el sueño de verla terminada, en el muro de algunos cinco metros de largo. La imaginaba como esas carreteras como la de La Trampa, con farallones inmensos y cruces de ex choferes cada 200 metros. Sí, quería verla terminada. Nunca la vi concluida, no, no. Y no sé por qué. Tal vez me trajeron para Caracas y con el tiempo ya no estaba el pequeño surco para el carrito. 
Lectores, lo del carrito apártenlo, solo piensen que desde allí, desde la construcción de mi carretera, podía ver quién entraba y salía de la casa. Bueno, en realidad eran muchos visitantes, y creo recordar que eran alumnos de todas la edades. Y por supuesto, la tía Edilia como centro de aquella hermosa casita. Esa, creo, no era la casa central de la tía, era como una casa de campo de esas de los millonarios, pero sin el campo, y sin los millones, jajaja, ah, pero con carretera, la mía. 

Yo sabía, desde mi murito, que la tía sabía muy bien que yo me orinaba en la cama, vaya, qué pena, pero era así, me orinaba en la cama, y no recuerdo pero imagino que la tía, la dama de hierro, era quien lavaba la cama, mi ropita, y para colmo, me llamaba desde la cocina para que me lavara y me sentara a comer. En cuanto a la pena por los orines, creo que se fue haciendo costumbre la sesión del líquido amarillo pues no recuerdo que ella me hubiese dicho algo al respecto, tampoco recuerdo cómo yo hacía con la ropa limpia. "Solo sé que no sé nada", dice un sabio; yo solo digo: solo sé que me orinaba.
Cuando yo tendría seis años, y Rita con algunos dos años,
por supuesto, esa foto la montó  en  foto shop Rita,
ustedes ya se habrán dado cuenta que ella
sabe  montar un ojo o un color donde no
 hay, entonces, si me ven hermoso es
 porque ella lo hizo, jajaja,
son cosas del amor


El porqué de lo de "la dama de hierro" 
Algún mal pensado y criticón (porque hay hasta para exportar para el mundo) quizás asociará este calificativo con la Tacher, la del país de las libras esterlinas, pues no, no, por ahí no van los tiros. Desde mi labor como constructor de carreteras, desde allí en el murito, podía escuchar todo lo que se hablaba (recuerden que en el campo hasta los cantos de los grillos hacen ruido ensordecedor), sí, desde mi lugar podía darme cuenta del temple de la tía Edilia. 
Ella lo sabía todo. Todos los visitantes le preguntaban cosas de animales, de estudio, de letras, de cuentos, de... vaya, era una biblioteca andante. Ella nunca supo que yo me daba cuenta de todo, pues jamás yo quise interrumpir alguna actividad en esa casa, escuela, trabajo y centro para proyectar carreteras.

Esa fortaleza suya fue haciéndose costumbre en mi mente, era como verla y compararla con el árbol más grueso y fuerte de toda La Trampa, hasta el tío Alberto (a quien yo veía como un gigante con eterna sonrisa de niño) le hacía preguntas disimuladas, es decir, él no quería que ella se diera cuenta de que él estaba preguntando algo, y le hablaba con tono donde la pregunta quedaba soterrada por alguna mueca y sonrisa, pero ella, se daba cuenta de la treta y le daba una respuesta donde él quedaba como el que no preguntó, sino que se enteró por casualidad, jajajaj, eso, en verdad, recuerdo con gran cariño de esa hermosa relación conyugal.

Además, cuando alguien tenía un problema, una mujer dando a luz, un difunto a punto de serlo, o uno afirmando que no lo era, un caballo sin o con..., las luces, los cuentos, o, en fin, cualquier pregunta urgente, ¿pueden ustedes, queridos lectores, imaginar a quién buscaban para que les respondiera la interrogante o les diera luces para algo?, ¿qué comen ustedes que adivinan todo?, pues, a la tía Edilia.
Una mujer que poco a poco me producía mucho abrigo y amparo pues, cocinaba, era maestra, sembraba, cosechaba, lavaba mis pantalones y cama orinados, me alimentaba, además de a todos sus ocho barrigoncitos, les daba de comer a los animales, pintaba (cuando había cal o avestina). 

Sin ella (sin la dama de hierro a su lado), y es la profunda verdad que revolotea en mis reflexiones, el tío Alberto no hubiese sido tan grande como lo fue y lo seguirá siendo mediante sus descendientes, a quienes él mismo nombraba como "Una Grandeza" cuando se refería a sus ocho hijos, 25 nietos y 13 bisnietos (datos que me proporcionó la prima Aída este domingo 10 de julio de 2016, pues no creo que ustedes, lectores, vayan a suponer que yo me la paso o tengo por costumbre llevar la cuenta de los hijos, nietos y bisnietos de mis tíos).

Foto tomada el día de las madres de este año 
2016; fíjense en la sonrisa y la mirada calma 
producto de una vida satisfecha; en haber
 utilizado el tiempo en cuestiones dignas, 
en formar tan hermoso cuadro familiar.

Volvamos al tiempo actual, es decir: 59 o 60 years después
Estamos en la segunda década del siglo XXI, la casita donde la tía daba clases está maltrecha por los sismos ocurridos en los últimos días. Por supuesto que ni se me ocurre preguntar por mi carretera pues imagino tamaña respuesta. Solo pienso en ella (en la carretera) como uno de mis muchos proyectos que he comenzado, pero... que se quedaron en el tiempo a medio hacer, o solamente realizados en mi mente cuales testigos de que un día tuve algo por hacer, por crear, y que, por razones ajenas a mi voluntad, se volvió viento susurrante que de vez en cuando truena en su silencio.

Y si volvemos al tiempo actual debo situarme en el día 23 de julio de este 2016, cuando la tía Edilia cumple ochenta y siete (87) años. Cuando llegue ese día ya habrán pasado diez días desde que mi hija Flor Karina cumplió años (cumple el 13 de julio), y, para seguir la tónica parece que en esta descendiente mía se reproduce el calificativo de "Dama de hierro", pues mi hija, viéndolo bien, y haciendo las comparaciones respectivas y el carácter de la tía homenajeada, pareciera traer mucho de lo que nos ha dado la tía Edilia. Ah, pero ya les hablaré, en otra oportunidad, de mi hija.
Sí, 87 años excelentemente vividos y sorteando los escollos para proseguir en todo momento con la crianza de sus ocho muchachos, para seguir la huella dejada por el tío de la eterna sonrisa, para continuar dando el brillo sustentador de unión entre sus descendientes directos, en fin, para continuar dando su follaje de árbol bien plantado a fin de que muchos se cobijen en ella, en sus decisiones, en sus momentos de vida, de familia, de bondad y de lucha ganada. Pregunto tenuamente ¿no les parece que es una verdadera dama de hierro?



La ventana 
Ah, la tía de Chiguará, la que un día estuvo suspirando por su Alberto desde que lo vio por primera vez en aquella ventana de la Cuesta, la ventana que sigue allí, a la que le tomé la foto al no resistir la emoción de saber que en ese sitio ella, por primera vez, vio los ojos azules de su galán Alberto, el hermano de mi madre, el de la sonrisa eterna, el que le arrancó de una, la ilusión y la ternura, para hacerla su esposa, compañera de toda una vida, la madre de "la grandeza" que él siempre vio en sus retoños y en la prole extensa. La ventana que, si hablara, qué cosas no nos dijera, cuántos versos, cuántos mimos, cuántos días pensativos, pensando el uno en el otro, que si esto, que si aquello, quizás pensaron fugarse, no, no, eso no creo, pues tenían mucho tiempo, pero... pensándolo bien, sí lo pensaron pues "cuando el amor llega así de esa manera uno no se da ni cuenta", jajaja. 
No entraré en intimidades, pero sí les mostraré la famosa ventana y luego, ustedes, queridos lectores, imaginen qué se dijeron este par de tórtolos a través de sonrisas, miradas, agarraditas de manos, carticas, sí, los imagino, y los invito a hacer lo mismo pero bajo un manto de respeto y del mejor pensamiento, pues, no se olviden que estamos hablando de mis tíos, hum, mucho cuidado con lo que piensan: 


En la casa de la izquierda está un corredor, ella está en La cuesta, allí era  donde llegaba el tío Alberto cuando se le escapaba a su papá. Rosalino. Les decía que hay 
un corredor y, al final, a la derecha, hay una  ventanita, la que está en
 la siguiente foto. Allí era donde 
el galán  de la familia, con sus ojos azules y su patilla, tipo Sandro, coqueteaba con 
la dama que se asomaba a la ventana. Él le decía: "Rapuncel, perdón, Edilia,
lánzame tus trenzas de oro", y ella se las lanzaba, bueno, no me  
pregunten  cómo, lo cierto es que la historieta de ese  par de
 personajes, terminó en ... en la foto de la derecha cuando, 
en 1950, ella, con su traje tipo sirena, y él con su porte
 de "aquí estoy, ya yo llegué" , y con mi hermano Luis 
Hibernón y el primo Alfonzo Uzcátegui, que 
tuvieron que servir como pages, y al pie de los 
enamorados...  terminó en, snift, en ...
matrimonio. Ja, ja, el de los ojos 
azules  se la llevó, y bien,
 lejos: la escondió en  la 
escuelita jajaja, en 
serio, bueno, eso es lo que me llega a la mente sobre esta parejita tan revoloteante, síi

Los hijos de tía Edilia
 Son ocho y están maduritos todos, me refiero a que no son aquellos niños a quienes conocí, no, hoy están casados y tienen hijos. Bueno, para ser sincero, no los conozco a todos pues hay algunos a los que no he visto, o por lo menos no recuerdo ese momento. He conocido a Aída, a Alberto, Romauro, Alexis y a Rubén Darío. Me quedan por conocer: Néstor, Carlos y Roso.

Comencemos por la dama del grupo, Aída. Es otra tía Edilia, su cara y gestos similares. No hablaré mucho de ella porque ya le dediqué toda una entrada para ella y su esposo Alexander en el blog familiar ("DESDE LA TRAMPA, MÉRIDA, PARA EL MUNDO"). Lo que me impresionó es que se desvivió y me llamaba todos los días para hablarme de esa entrada. Vaya, prima que tengo.

Romauro: es más fácil hablar con Obama que con el primo. Sé que son sus muchas ocupaciones.

Alexis: de buena mirada, atento, me parece buena persona, estoy seguro de que cuando lo he llamado se preguntará: ¿y para qué me llamará este loco?, jajaja, eso he pensado. Yo también lo hubiese pensado si tuviera un primo que nunca he visto, y de repente lo veo haciendo libros para la familia, pidiendo fotos y llamándome, jaja, lo vería hasta sospechoso, seguro.

El primo Alberto: la gota del padre, hasta en la manera de arreglar la tierra. Este primo tiene una diferencia notable con su padre, ¿cuál es, preguntan?, vaya, vaya, veo que ustedes son impacientes, déjenme contarles las cosas a mi modo y no me estén apurando porque no les cuento nada, bueno, no es tanto así… ah, el primo, sí, bueno, a este ejemplar de la familia le gustan las flores, las matas hermosas, los colores, en fin, todo aquello que irradie hermosura natural. No podría criticarlo porque poseo gustos semejantes; veo en el color, en el arreglo, parte de la belleza de las cosas. Sí. Ah, y se nota que este primo ha leído parejo porque por ratos le escucho un vocabulario lleno de palabras biofísicas o extraplanetarias, jajaj, en serio, ah, pero las entiendo, es decir, lo entiendo… excelente primo. La diferencia es que el padre, tío Alberto, no comulgaba para nada con las flores u otros elementos ornamentales.

Rubén Darío: muy agradable y atento como buen político que es. Una sonrisa que casi duerme con ella y una palabra amable a flor de labios; atento como su hermano Alberto y su cuñado Alexander. 

Los tres restantes; Roso (Rosalino), Néstor y Carlos, están en la lista de primos por conocer. Deben ser de igual estatura moral que sus otros hermanos pues mi tío Alberto no produjo simiente negativa, sino unos muchachos trabajadores y buenos hermanos. 
Izquierda a derecha: Roso, Carlos, Alexander (buscaba a como
diera  lugar entrar en la familia), la graduanda Aída, Alexis,
el tío de la hermosa sonrisa y el primo Alberto. Eran días
en que Romauro y Rubén Darío eran los fotógrafos de la
 familia, ellos no aparecen en la foto porque estaban  
ocupados tomando la misma, y no podrían  
estar en dos lugares al mismo tiempo,
caramba, por favor, considérenlos, 
mis queridos lectores.
Al fin los dos fotógrafos de la familia tuvieron un descansito, pues lanzaron
sus cámaras al río y se apostaron para la foto; Rubén Darío a la derecha 
con su mano izquierda sobre su pierna izquierda (sabe posar) y a su 
lado  Romauro quien, a pesar de querer pasar por debajo de la 
mesa con la gorrita, pude reconocerlo (la foto fue tomada
 por el nuevo fotógrafo familiar cuyo nombre aún no sé, 
en la casa del Primo Alberto en La Trampa). 
La agencia EFE
informó que ese día se celebraba un cumpleaños
 del primo Alberto. 


A la izquierda, la sonrisa de oreja a oreja por los besos simultáneos de dos de
sus hijos, Carlos y Néstor. A la derecha, la tía, su hijo Alexis and I.


Se estaba rodando la película cuyo título era: hombres y mujeres separados,
en la foto de arriba y a la izquierda, en un descanso de la grabación, la tía
Edilia se puso el sombrero de vaquero, el mismo que usó en una película
del oeste cuyo nombre no recuerdo bien, pero era algo así, como:
 "En Chiguará nació la dama de hierro"

Tía, Edilia: este pequeño homenaje en tu cumpleaños, y de eso estoy seguro, forma parte de cuanto puede sentir cualquier integrante de la gran familia nuestra. En otras palabras, los 87 que celebramos en esta oportunidad, forman parte del sentir de todos los que te conocemos y sabemos qué importante lugar, en todos los sentidos, has forjado dentro del ya gigantesco grupo familiar. 
Y a manera de otro pequeño regalo para este importante día, en el cual, y de esto también estoy seguro, estarás rodeada de tantos seres queridos, allá en Mérida, te envío dos fotos que ayudarán a la evocación de gratos recuerdos:
Rafael Rojas y Petra Vielma de Rojas,
los padres de tía Edilia (creo saber ahora
de dónde viene esa seriedad para las fotos
que tiene a flor de piel la tía cumpleañera)

Diomira (hermana de tía Edilia) y Petra Vielma de Rojas (madre de la cumpleañera
 homenajeada hoy 23 de julio). Las cosas de la vida: no les pasó nunca por la mente estas
 dos damas de la foto que, muchos años después de haber posado ante el fotógrafo 
(quizás ascendiente algo directo de Rubén D. y de Romauro), ellas iban
a formar parte viva del festejo a tía Edilia en su cumpleaños número 87.
(quiero decir algo de las miradas de estas dos damas: muy de hoy, ellas 
nos dicen que están de acuerdo con el homenaje sencillo  
a la tía cumpleañera, y dicen a todo pulmón:



!FELIZ CUMPLE 87, TÍA EDILIA¡


Espacio para Rita:
Ante todo gracias a Dios y a Carlos por darme la oportunidad de escribir en esta edición del blog "Desde la Trampa, Mérida, para el mundo", más en esta, dedicada a una mujer, realmente admirable, a quien he aprendido a querer a través de Carlos y su familia.
Después de escuchar hablar de ella en diversas oportunidades, en septiembre 2012, en un viaje que hicimos a la ciudad de Mérida -con la finalidad de recaudar material para la elaboración de "Cien décimas póstumas a mis padres"-, por fin, la conocí: una señora con mucha energía, muy lúcida, aplomada, algo seria ,pero con un halo de tranquilidad que rompe cualquier barrera que pudiese alzarse ante aquella seriedad.
Una mujer, que en ese momento se solidarizó con el proyecto de nos llevó a esa visita y colaboró muchísimo con nosotros, dio a entender la importancia que para ella tiene la familia. Esa fue la primera impresión.
Después de casi cuatro años, en marzo de este año (2016), nuevamente me tocó compartir con tía Edilia, descubrí que además de enseñar y educar, le gusta bordar, lo constaté cuando pude ver unos lindos bordados en punto de cruz realizados con sus propias manos. Conocí lugares donde vivió y sacó adelante con amor y dedicación -apoyada por su eterno enamorado, tío Alberto-, una hermosa y encantadora familia, respetuosa, con principios y valores rectos, creyentes en Dios, todos, absolutamente todos, encantadores, los hijos, los nietos y bisnietos de la tía Edilia. En fin, les confieso, se ganaron mi corazón, me sentí tratada como parte de su familia, es más, los siento como mi familia. Eso fue lo que tío Alberto y tía Edilia construyeron para el mundo, son una institución.
Tía Edilia, hoy día, sigues manteniendo la unión familiar y enseñando con tu ejemplo de positividad y entereza.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TÍA EDILIA! 

¡QUÉ DIOS LA SIGA COLMANDO DE BENDICIONES!
Agradezco a Dios haberme dado la oportunidad de conocerte. A ti, gracias por tu cariño y acogernos en tu casa. Al resto de la familia, gracias, por hacerme parte de vuestra familia.

Tres imágenes mías: izquierda, con la prima Aída, única hija de tía Edilia;
en el centro, con la tía Edilia; a la derecha, con el primo Alberto, hijo mayor de tía, y con Carlos, mi amor.

domingo, 3 de julio de 2016

LIMBERT CARIOS ZAMBRANO, EL SOBRINO ELÉCTRICO

Por allá... en el recuerdo
Desde hace bastante tiempo tenía la firme idea de escribir algo sobre el sobrino Limbert, ah, pero ¿por qué yo quería escribir sobre este sobrino?, se preguntarán algunos, pues bien, la respuesta requiere que les hable del contexto histórico...
Sucede que hace años mi hermana Josefina lo parió, ja, no imaginan ustedes, queridos lectores, lo que yo, desde esos iniciales días suyos, pude ver en la criatura recién nacida y en sus dos primeros años de vida... ¿Que qué vi?, vaya, veo que ustedes son muy impacientes, tengan calma. Bien, les decía que este sobrino en esos primeros añitos de vida, con su cabello catirito (porque así lo tenía, en serio), y sus ojos sonreídos (vaya, primera vez que escribo esta frase de "ojos sonreídos", me gusta, la usaré más a menudo), les decía que... ah, sí, estaba en lo de sus ojos...

De izquierda a derecha: 1)  Limbert y su mamá (la tía refina) en el bus en Londres;
2) mi madre (Petra María, con su sombrerito refino), con Josefina y Limbert
 (creo que fue en Londres por la vestimenta del hombre que está detrás);
3) Limbert con Luis Ernesto (hijo de mi hermano Luis Cala); 
 4) Limbert con los hijos de mi hermana Carmen Cira (Karen, en brazos,
 Hugo, de pie, y Robert). 



Limbert y algo de las Cien décimas póstumas a mis padres
No conseguí otra foto mejor de ese tiempo, ah, pero no crean que yo tengo todas sus fotos, no, no, no. solo tengo algunas que me dio su madre cuando yo estaba escribiendo el libro de las Cien décimas póstumas a mis padres (cuando les escriba algo en cursiva, casi siempre se tratará de una obra, un periódico, revista... cosas del mundo editorial... ya les contaré), y en cuanto a las Cien décimas... también requerirá otra entrada pues es un libro que... epa, les dije que era tela de otro relato, por favor, permítanme proseguir con mi artículo sobre Limbert; no me interrumpan tanto...

Si, sé que me dirán que ahora está muy grande en 
esta  foto y que les venía hablando cuando él era 
un bebé, ah, pero los años pasan rápido y el niño
fue creciendo, o ¿es que ustedes piensan que  los 
demás no crecen? 
(la verdad: no  encontré otra, snif)

Comienzo del baile, su pasión
Sabemos muy bien que todas las personas --por lo menos es lo que siempre he sostenido-- viene con algún don o virtud a este mundo, y sabemos (otra creencia de quien escribe) que muchas pero muchas personas no utilizan los dones que llevan dentro de sí.
Limbert vino con el don del ritmo, esto es: que el golpe de la percusión, unido a la melodía de cualquier canción bien hecha, le sacude la espina dorsal y no puede evitar que sus músculos presionen a su esqueleto para comenzar a llevar el son que entra por sus oídos. En palabras llanas: le es imposible evitar el bamboleo del cuerpo cuando suenan los arpegios y el acompañamiento musical y rítmico de los cueros, del timbal, del bongó, de la conga.
En esta foto Limbert está de espaldas, el del traje negro, 
está delante del grupo al dirige en el gym, quizás él en ese 
momento le pasó por la mente que lo que estaba ante su 
vista (los seguidores de su baile) eran  parte de lo que él 
siempre ha sentido: la electricidad por el baile. Esta foto 
forma parte de un video que intentaré montar el final, les 
digo que intentaré pues no sé hacerlo, entonces, si no ven 
el video es porque no supe cómo hacerlo, ja, y ustedes ni
imaginan lo difícil que es hacer algo, como este blog, sin 
contar con ayuda profesional, jajaj, no imaginan.

Antes de caminar, Limbert ya sabía bailar
Bien, les decía... a ver... a ver... ajá, les hablaba de las fotos del sobrino. Prosigo: en esos días (recuerden que les vengo hablando de los dos primeros años del sobrino Limbert), él no podía escuchar una música porque inmediatamente comenzaba a mover el cuerpo, sí, aunque ustedes no lo crean, él tendría un año, quizás, pues estaba aprendiendo a caminar, pero ya sabía bailar, jajaja, y mucho. Tanto así que todo el mundo lo iba a ver a la casa (me refiero a las amigas de mi hermana Josefina), y él comenzaba a bailar ante cualquier visitante, jajajaj, parecía que cuando escuchaba música se convertía en niño eléctrico, pues era como unas pilas que se le activaban (hoy, en pleno año 2016, él prosigue igual de eléctrico, ya verán en las fotos que montaré más abajo, o en un pequeño video suyo. Entérense también que sería el primer video que monto pues no tengo experiencia en eso, pero lo intentaré).
De izquierda a derecha: la tía Imelda, la tía Refina (ya es famosa),
mi madre (Petra María Rodríguez de Zambrano), Brigitte (fotógrafa del mundo),
la mexicana Ruth (hermana de LImbert), Vanessa (con su hermosa sonrisa),
y "el eléctrico" Limbert
He montado esta foto porque, como no tengo otras cuando Limbert tenía nueve, diez, once... años, me pareció excelente montar una de mis preferidas, la madre del siglo XX, la Petra María Rodríguez de Zambrano, la que me trajo al mundo, la que... vaya, otra frase encantadora: "la madre del siglo XX",  sí, sí, me gusta, la usaré a menudo.


La foto que habla de un momento, de una vida, de un Londres y sus buses
Y ya que estamos hablando de esos iniciales años de Limbert, les comentaré, apreciados lectores, de una realidad confusa para mí: les hablé de cuando él bailaba eléctricamente ante los visitantes, sí, lo recuerdo y sé que ustedes también (porque lo acabo de decir dos párrafos arriba), pero lo que recuerdo luego de esos iniciales momentos es una foto cuando él y su madre (la tía refina) salen en una foto en un bus en Londres, sí, sí, en serio, voy a buscar la foto y la montaré para vengarme de algunos lectores que pensaron que estoy mintiendo, ja, decirme mentiroso a mí, a mí... ya verán cómo me vengaré cuando consiga la bendita foto que sé que la debo tener por alguna parte. 

Esta es la bendita foto tomada en un autobús
de Londres, noten la hermosura de la tía
REFINA (sé que algunos me dirán 
que esta foto se repite, sí, es verdad,
pero la puse porque quise; vaya, 
tremenda respuesta la mía, ¿verdad?)

Salto de aquellos iniciales años al 2016
Queridos lectores: ¿recuerdan esas películas cuando ustedes, en medio de la trama interesante, leen con desgano un letrero que les sale en pantalla donde dice "ten years later"?, jajaja, seguro que lo recuerdan y saben que muchas veces hasta rabia les ha dado, ah, cáiganse pa´trás como Condorito, pues en esta pequeña biografía pasa lo mismo, es decir, ya veremos a un Limbert adulto que sigue la pasión con que nació, jajaja. Sé que muchos de ustedes se quejarán porque les resumí, o mejor, los dejé sin datos del "eléctrico" durante sus años mozos, pero,  vaya, ¿ustedes creyeron que yo iba a hacer una biografía dia por día del susodicho?,!nooooo¡, es solo una pequeña reseña tipo homenaje porque se lo merece,  ¿o no?, o será que ustedes quieren que yo me ponga a detallar toda la vida del homenajeado y me olvide de sus logros personales?, vaya, eso es envidia.
Entonces para quitar la envidia que se ha asomado por las virtudes de pasión del sobrino, como que mejor me olvido de ellos y coloco otra foto de las que titulo "fina", vean:
La llamo "fina" porque fue tomada a escasos cinco minutos después
de que había terminado la clase dirigida por Limbert en el gym del
Centro comercial el Recreo. Esta foto es reciente, fue tomada en abril
de este año 2016. En ese momento Limbert nos explicaba algunas técnicas
que utiliza en la bailoterapia fantástica que desarrolla en sus muchos alumnos.
Nota: el de camisa roja es el amigo Néstor Garrido, y el de camisa azul, Williams Gómez,
alumnos de Limbert.

Caras risueñas en grupo
Muchas veces, ante una foto que queramos tomarle a algunas personas, les decimos "ríete", "di Wisky", "pela los dientes" o... pero, otras veces encontramos a personas que están ante la cámara y  se muestran risueñas, a las que no tenemos que decirles nada para que nos muestren la hermosura que llevan por dentro, este fue el caso que nos encontramos Rita y yo (ya sabrán de Rita) ante las caras risueñas de los alumnos que Limbert dirigía esa tarde (de abril de este 2016), cuando fuimos a visitarlo, en vivo, en su bailoterapia de un centro comercial muy famoso de la gran Caracas. Para muestra un botón. Ah, presten atención, queridos lectores, a las miradas sinceras y gesto sincero de aprecio de los fotografiados, tanto por estar con Limbert, así como por aparecer en esta foto histórica.

Sé que no hace falta describir la emoción de estas personas por
estar en una foto con su profesor Limbert (ah, en la última fila
vemos a César,  con camisa azul, ya hablaremos de él).


Testimonios de algunos entrevistados 
No podíamos quedarnos sin hablar con algunas personas participantes del baile, o mejor, alumnos de Limbert. Para ello esperamos a que terminara la sesión de bailoterapia y nos reunimos aparte y... lean:
Williams Gómez, 42 años, abogado, con cinco años en el gym: "el baile me motiva a venir; me transmite vibra, energía. Aquí encontramos compañerismo, amistad y respeto. A través del baile se drena el estrés diario del trabajo, además, me da seguridad y me hace más extrovertido. En cuanto a Limbert: es todo un profesional".

Nestor Garrido, 51 años, periodista y profesor universitario, padece hipertensión arterial, tiene tres años en el baile: "me ayuda a socializar, como trabajo mucho por internet y no tengo mucho contacto con la gente, además de quemar calorías, el baile aquí me ayuda en la parte social, a reunirme con toda esta gente hermosa. Además, me gusta moverme, oír música, aprender pasos nuevos. Necesito el ejercicio para el mejoramiento de la salud. El ambiente es agradable, con gente diferente, hay compañerismo. Limbert hace pasos sencillos y libres. No hay coreografía rígida. Sobre Limbert: sabe muy bien lo que hace y mantiene al grupo animado en todo momento".  

Néstor Garrido (camisa roja) y Williams Gómez, al terminar la sesión
de bailoterapia. Queremos resaltar las sonrisas de estos dos
profesionales que demuestra satisfacción por tener la
voluntad para estar en forma y listos para los
altibajos normales de la vida.


Yessenia Aponte, 30 años, TSU en Organización empresarial y Licenciada en Contaduría Pública, trabaja en una entidad financiera. Baila desde los tres años de edad, especialmente danzas tradicionales, salsa casino y danza árabe. Tiene cinco años bailando en el gym en bailoterapia. "el baile me mantiene activa, es una forma de liberarse y de expresar emociones, alegrías, tristezas. Me gusta expresarme a través del baile, pues con él aprendí a ser extrovertida y a no tener miedo escénico; el baile es un momento mío. En cuanto a Limbert: es excelente persona, transmite alegría y sus clases son fáciles"

Yessenia Aponte con Limbert, 


Un abrazo a todos y una nota nostálgica

1) Limbert y César; 2) foto de reunión familiar en El Laguito (Fuerte Tiuna;
el día de los primos, 22 dic 2014); 3) Rita y Limbert; 4) en el aeropuerto para despedir a Brigitte


La vida parece que pudiera definirse como unión de momentos; espacios de tiempo en los que, por razones desconocidas para los humanos, nos vemos intercambiando opiniones con personas a las que nunca habíamos visto. Es como un gran espacio de acertijos donde cada día, cada paso, nos ofrece perspectivas insospechadas para reunirnos con otros seres humanos que poseen, sin lugar a dudas, un mundo muy personal con actividades propias, como el caso de las personas con quienes compartimos en esta pequeña reseña del trabajo del sobrino Limbert.
Simultáneamente con ese conocimiento de otros seres también se presenta el aspecto nostálgico cuando sabes que ya los conociste y que terminó ese momento de fotos, de conocimiento mutuo, de risas del momento, de apretones de manos, en fin, ustedes saben a qué me refiero. Bien, para no hacer más larga esta despedida, les dejo, para el recuerdo y para la historia, otras fotos de ese día en el gimnasio de la bailoterapia. Son fotos que, de una manera u otra consiguen detener un pequeño espacio de tiempo en el que estuvimos juntos en ese día, y al mismo tiempo sirven como referencia obligatoria para fortalecer los vínculos propios de cada momento. Un abrazo a todos y muy bien por estar en estas fotos históricas.

Con Rita, ella ayudó mucho en la entrevista,
tomó las fotos y las clasificó, transcribió los 
testimonios, y puso la sonrisa para esta foto. 
No podía faltar el alumno y uno de los más
constantes bailarines de las clases del
sobrino Limbert: César

Foto para el buen recuerdo de un día en el gimnasio con Limbert
y con la bailoterapia


Les comento, amigos lectores, lo siguiente, mejor dicho, les confieso: después que hice las primeras entradas del presente artículo, hablé con Rita, y ella (quien sabe mucho más que yo sobre esta faena de montar fotos), hizo un trabajo estupendo con las fotos que están juntas o pegadas en forma horizontal, y, como yo no quería deshacer el trabajo ya hecho, entonces decidí colocarlas al final, lo cual hago a continuación, entérense:
De izquierda a derecha: 1)  Mi madre (Petra María), mi hermana Carmen Cira con dos hijos suyos (Hugo y Robert), Limbert (con saco blanco y un título o diploma en la mano), y Josefina. 2) Josefina, Mamá, Limbert, Luis C y Carmen Cira; 3) Limbert tipo artista con las manos en los bolsillos. Nota necesaria: las fotos que vean como con manchones blancos es porque fueron tomados de un portarretratos y el vidrio del mismo hizo reflejo en la cámara.


De izq. a dcha: 1) Limbert con su madre refina y su hermana Ruth; 
2) Limbert, Ruth y Brigitte; 3) mi hijo Carlos Alberto, Brigitte, Ruth y Limbert; 
4) Foto histórica (Limbert bailando con su madre); 5) Limbert, Brigitte y César.
Espacio para el video que se hizo en el Centro Comercial El Recreo (9 marzo 2016)
Bien, no pude montar el video pues la pc me dice que "imposible montar el video pues tiene más de 100 MB", entonces será en otra oportunidad.

Para finalizar esta entrada: en estos días próximos Limbert se dirige hacia México, Dios quiera que todo le salga bien en ese nuevo destino que le espera y que debe ser para su bien. Me queda el consuelo de haberle podido hacer este pequeño homenaje antes de que partiera para esa hermosa tierra mexicana. Espero también que pronto tengamos buenas noticias suyas donde nos diga cómo le va por esos lugares donde, de seguro, seguirá con su baile, con su pasión, con la llama interna de mover el esqueleto y delante de otras personas que sabrán apreciar su talento de "eléctrico". Un abrazo para el sobrino y mis deseos porque estas palabras del presente blog familiar lo acompañen en cualquier lugar que pisen sus pies.

Y la nota obligada: comenzamos este blog con las notas iniciales de nuestros queridos familiares que iniciaron el recorrido Desde la Trampa, Mérida, para el mundo, Papito Rosalino y su esposa Ramona Dávila, de quienes salieron varios hermanos que, poco a poco, irán apareciendo (todos) en alguna entrega, de ellos nació mi madre Petra María, de esta mi hermana Josefina, y de esta tía refina, nació el homenajeado de hoy, el sobrino Limbert; quien, siguiendo el nombre del blog, ayuda a perfeccionar esto de que sigue La Trampa exportando gente para el mundo, en esta oportunidad, a Limbert hacia México. Qué bien.



FELIZ VIAJE, LIMBERT
DONDE ESTÉS IRÁS CON 
EL RECUERDO DE LA FAMILIA
3 JULIO 2016



miércoles, 8 de junio de 2016

AÍDA RODRÍGUEZ Y ALEXANDER PERNÍA

Desde que yo era muchacho, por allá, cuando tendría algunos dieciséis años, recuerdo que la Prima Aída tenía un novio que era atleta, ciclista, sí, mejor es la idea de ciclista, es la que viene a mi mente. Pues bien, cuarenta años después, como en las películas, la prima Aída sigue con el mismo Alexander, jajaja, muy bien.

Alexander, Aída y... por los lazitos creo que es su hija Andreína


De eso me enteré en este mes de abril cuando estuve por Mérida. ¿Qué les cuento?, o mejor, qué no les cuento. Empezaré por hablarles de un cuadro que la prima tiene en un pasillito, se trata de un retrato que le hicieron hace varios añitos, y por supuesto, donde ella está radiante, y les cuento que esa imagen... ¿se lo cuento?, epa, epa, no me apuren porque lo cuento, ay, ustedes no me conocen... 

La foto del pasillito y la de en cruz no las conseguí
en su lugar coloqué esta, una de las fotos que más
me agrada; cuando tía Edilia cumplió 80 años


Mejor lo dejamos y pasemos a otra foto que vi allá en la casa de este feliz matrimonio: nada más y nada menos que Alexander en cruz, en serio, colgado, sonriente, con su bigotico tipo Gómez, y, en serio, haciendo el cristo, por supuesto se trata de una figura o ejercicio de la gimnasia donde los fanáticos de esta actividad se desviven y desviven para lograr el cristo ese, la verdad es que es difícil.

De izquierda a derecha: Alexander, Carlos Alberto
el bueno y el otro Carlos Alberto (hijo de Alexander)


 Ah, se me olvidaba que mi intención era hablarles de lo bien que este matrimonio se comportó; insuperables, atentos a lo máximo y tranquilos. entonces, me gustaría que esta hermosa pareja recibiera este agradecimiento público por haberse comportado tan entusiasta y con ánimos honestos en todo momento. Bueno, no podía esperar menos de la hija, la luz, los ojitos de mi tío Alberto, el que se fue con la sonrisa amplia de tanto haber andado y de tanto haber vivido en armonía para hacer de su familia el gran tronco familiar que hoy es.

Tío Alberto queriendo quitarle el trabajo a
César Millán; el otro encantador de perros.
En la familia ha habido de todo, por eso es
que podemos exportar para el mundo


Una paz duradera, tío // veo que dejaste intacta // con tu familia derecha // que lo vi entre posturas //de convivencia exquisita // y del amor por su esposo // que me enseñó tu Aída // la niña de tus ojos puros // la única hembra que Dios te dio // entre todo tu linaje // ah, mi  tío, sé que me oyes // el tecleo de mis dedos // al pulsar tecla por tecla // tratando de agradecerles // a tu hija y a su esposo // el cariño que nos dieron // en este viaje pa´l pueblo // donde nació mi maíta // tu hermanita, la gran Petra // la que siempre a ti te quiso // la recuerdo con tu nombre // en sus labios de cien años // ella, quien me enseñara // a verte, tío, contento // ah, pero que ya veo // que tenía yo en la intención // escribir para tu Aída // con el Alexander, claro // para agradecerles tanto // de lo que me dieron mucho // pero se me fue la idea // y casi, tío, me enredo// pues me olvidé de dar gracias // y empecé a hablar contigo // con mi madre, mis motivos // disculpa ese desvío // muchas emociones juntas // a veces en nuestro fuero // nos impiden el camino // que trazamos para andar // y terminamos diciendo // algo muy distinto, tío // que casi nos da pena, en serio// pero qué podemos hacer // si no podemos atar // lo que muy adentro quema // ese dulce del pasado // ese amargo que traía // esos ojos que nos marcan // que  nos miran desde lejos, // como de la madre mía.


(Gracias, prima, gracias primo, por permitir que me acercara un poco más a ustedes, y por darme un poco del calor familiar que tengo por los lados de Mérida, la tierra donde nací; Dios los mira con bondad junto a su querida familia).

1950. 
Alexander y su nieta Sofía





Hermosas miradas, hermosas sonrisas,
hermosa familia












Nota: si no les cuadra las fotos con el contenido es porque no encontré las que tenía en mente; pero, como cuando las cosas suceden así, es porque estas
son las fotos que estaban destinadas a estar aquí



Carlos Alberto Zambrano Rodríguez, en una tarde algo nostálgica al recordar bonitos momentos que pasé al lado de la prima Aída y su esposo Alexander. Caracas, 8 de junio de 2016

jueves, 21 de abril de 2016

LA TRAMPA Y LA PRIMA MIGUELINA, UN AGRADECIMIENTO INOLVIDABLE Y TÍA GILDA


Nota previa: esta entrada en el blog de La Trampa es un relato o artículo que forma parte de la travesía o recorrido que acabo de hacer por Mérida en marzo de 2016 y que inicié con el artículo de Tinaquillo.

¿Cuánto tiempo habrá pasado desde el accidente de mi madre, Petra María Rodríguez de Zambrano?
Mamita Ramona
Mi madre,
 Petra María
¡Epa!, como que me adelanté mucho en el relato pues, en lugar de comenzar por el principio, vengo a querer que ustedes, queridos lectores, entiendan algo que solamente está en mi mente; bien, les pido disculpas por ese inicio tan “alocado” narrativamente, ja, ya va, ya voy.
Resulta que mi mamá, Petra María −hace algunos treinta años−, cuando murió su madre y abuela mía (Mamita Ramona), viajó a Mérida (allí sería el velorio de la abuela) y, dentro de todas las cosas que tuvo que hacer por allá: saludar a hermanos suyos que tenía años sin ver, conocer a primos, cuñados y demás familiares, tuvo la suerte de reunirse con su hermana Matilde (la tía con mirada de ángel).
Tía Matilde y su sobrino preferido
Todo muy bien hasta aquí, pero… como en todo relato siempre parece que tiene que usurpar el aspecto negativo, en este no hubo excepción, les cuento: estaban paradas las dos ancianas y hermanitas (mi madre y tía Matilde) en un lugar donde… les resumo: un camión mediano las embistió; en ese momento falleció la tía Matilde y mamá fue recluida en el hospital central de Mérida.



Causas de la rapidez del relato anterior
En realidad siempre me ha parecido que esa triste anécdota del camión con las dos hermanas  es  algo  fuerte, mucho, y  prefiero, en  su  lugar, pensar  que  ambas  hermanas
Papá y Mamá (foto retocada por Rita)
estuvieron juntas todos esos quince o veinte días antes del accidente. Es muy seguro que rieron bastante, que hablaron de las tremenduras en sus mocedades, de los hijos, de los nietos, de Dios, de los esposos, de la ingratitud o gratitud de muchos seres cercanos o lejanos, en fin, de todo lo que dos hermanas pudieran decirse por última vez. Jaja, las imagino sonreídas, tomadas de la mano para cruzar las calles, apoyándose la una en la otra (mamá y su hermana Matilde eran la mayor y la segunda al mando, respectivamente, dentro de los quince o dieciséis hijos que tuvieron Mamita Ramona y Papito Rosalino). También, seguro, hablaron del esposo de tía Matilde, el de la mirada azulada y linda: Rafael Uzcátegui, y de mi padre Juan Francisco Zambrano, el hijo de Juana, la Nonita encantadora y también inolvidable.
Tía Matilde y su esposo Rafael Uzcátegui
Foto proporcionada por la prima
Aída Rodríguez de Pernía
Para no finalizar este párrafo con alguna imagen tristona, les comento: tendría mamá algunos 25 días en la sala de emergencia o de cuidados intensivos del referido hospital, ya ella hablaba, nos reconocía, reía, comía de nuestras manos (yo me las arreglé para dormir todas las noches de ese mes debajo de la cama de mamá). Pues  bien, uno de esos días llegó a visitarla un señor que tendría cerca de 80 años. Nos dijo, mirando a mamá:
Yo la conozco desde que eramos niños-, y le dijo:
Petra, Petra, cómo estás, soy xxxxx, ¿recuerdas cuando eramos muchachos?
La Nonita de siempre

Ella se quedó un momento pensativa y respondió:
Hooola, ¿cómo te encuentras?
El anciano nos miró y exclamó con mucha alegría:
Me reconoció, sí, me reconoció...
No cabía en sí de tanto gozo. Al rato el señor se despidió prometiendo que volvería. Cuando se retiró, mamá nos preguntó:
¿Quién es ese señor?
Reímos un rato de la anécdota que ya habré contado algunas treinta veces desde aquel momento. Sí, cosas que pasan, lectores.


¿De qué hablaron, con toda seguridad, mamá y su hermana Matilde?
No soy adivino, pero… conociendo a mi madre, estoy muy seguro de que ella le dijo a su hermana:
─Matilde, la vida, la edad nos alcanzó. Gracias a Dios que llegamos a esta edad pues muchas personas no tienen esa dicha.
Y la tía, casi que podría haber respondido:
─Sí, Petra, pero aquí seguimos
Y luego terminarían en una sonrisa que sellaría ese lazo perfecto hecho por Dios de la hermandad. Hablaron, por supuesto, de situaciones o cosas muy pero muy sanas, aunque, por supuesto, con alguna tremendurilla de sus tiempos de mozas por allá, en La Trampa, donde nacieron.

Vaya, vaya, querido (a) lector (a) de estas palabras: qué experiencia tan hermosa siento al expresar estas imágenes de mamá y de su hermana, pues, sin poder evitarlo, en la garganta siento un pequeño nudo que, lejos de molestarme, me hace sentir más cerca de esos momentos que intento imaginar, describir.
Y te diré una gran… no sé cómo definir el anhelo de volver a tener, aunque fuera por un minuto, los rostros de estas hermanas delante de mí, sí. No obstante, como estoy consciente de que eso no puede ser físicamente, sí puedo hacerlo en forma mental, lo cual, para mí, es hacerlo en físico. Además, todo este recorrido en lo literario e informático que realizo (libro de Décimas, whatsapp, correo familiar y el presente blog) forman parte de ese sentimiento de culpa que tengo de no haber visto antes las cosas con los lentes con que las veo hoy a mis 63 años (los cumplí hace dos días, el lunes 11 de abril). 

¿Y cómo cuadra la prima Miguelina en todo este berenjenal que les he contado?
Tío Pedro, padre de Miguelina
Ya va, dejen las preguntas para más tarde; no me saquen de la línea cronológica que tengo en mente cumplir, ya va, paciencia. Resulta que, no, mejor lo digo de otra manera (así hablamos en la práctica, decimos que es mejor algo futuro que lo que acabamos de decir y resulta que no habíamos dicho nada, jajajaj, así somos). Les decía que al principio fue el súper abuelo Rosalino y su esposa Ramona, de esta pareja surgieron 15 o 16 barrigoncitos, uno de ellos tuvo por nombre Pedro María, reidor, juguetón y con una sonrisa y picardía a flor de labios y remarcada en su mirada de buena gente.
Este tío Pedro procreó dentro de sus hijos a Miguelina, y ella, aunque ustedes no lo crean 
Miguelina en sus años mozos
−pues no es una acción que vemos a diario, queridos lectores− fue tomada por Dios para que, en su casa de Mérida, diera cobijo a mi madre cuando esta abandonó el hospital central de Mérida. Allí estuvimos varios hermanos e hijos de mamá, creo que todos. Vimos la misericordia de Dios en el alma de la prima Miguelina hacia mi madre. ¿Qué, entonces, puedo decir de esta prima? No hay palabras para agradecerle tan hermoso gesto para con el ser que me dio la vida.

Veinticinco o treinta años después
En casa de Miguelina 2012
(Queja mía. No, no, no, lectores: no vean esta manera tan ilógica de entregarles el cuento; lo escuchan y leen cada instante en las películas "ten years later" y no dicen nada; se la calan y 
hasta con aplausos; aquí tendrán que admitir la forma por tratarse de una realidad, hum).
Jovino con la guitarra
Con Any y Deglis
Abraham y Deglis, hermanos y abrazados
En el año 2012 fui con Rita y mis dos hijos (Flor Karina y Carlos Alberto) a la casa de Miguelina para buscar fotos que necesitaba para el libro póstumo a mis padres, el cual terminé en ese año y se denomina Cien décimas póstumas a mis padres al cual, y lo acabo de pensar, montaré de alguna manera o con cualquier excusa  en  este  blog; por  supuesto  que  sí. Bueno, allí estuvimos y compartimos algunos días. Luego, en este año 2016, en marzo volví con Rita a la casa de Miguelina. Nos trataron excelentemente y logré tomar unas fotos allí que estoy compartiendo con ustedes, lectores.


(PARÉNTESIS NECESARIO EN EL DÍA DE HOY MIÉRCOLES 13 DE ABRIL DE 2016 SOBRE TÍA GILDA)
Tía Gilda (hermosísima)
¿Pero, y quién es la tía Gilda, qué pito toca aquí?, se preguntarán algunos lectores, les diré: este relato es mío, es mi familia, es mi blog, es mi tiempo y… por favor, permítanme que drene aunque por momentos les pueda parecer que mi escritura se salta los parámetros normales, sí, sí, eso me lo han dicho muuuuchas veces, a lo que yo, sin entrar en discusiones, solamente me callo y pienso: “así soy”, no escribo para agradar a alguien sino para drenar lo que tengo y me aprisiona, jajaja, en serio, es como un torbellino que puja por salir a través del teclado, vaya, vaya, qué torbellino, ya lo conocerán mejor, pero, bueno… si insisten en querer criticar mi forma de escribir se los diré de manera más sutil, más… no sé, más algo, pero mejor, lean:

Tía Gilda (más hermosa)
Estoy consciente, apreciadísimos lectores (no me dirán que no les gustó el superlativo de “apreciados”, ja) de que uno, cuando intenta escribir algo con cierto orden, debe procurar dejar de lado cualquier información o dato que esté fuera del discurso, pero… caramba, se trata de Carmen Gilda, mi tía, la hermana de mamá. Tía, hoy 13 de abril está de cumpleaños, y, en verdad, no me pareció justo omitir su nombre en este artículo, a pesar de que ella tendrá un apartado especial con sus hijos y esposo en otra entrada que les anunciaré. Al igual como lo tendrá cada hermano, primo, amigo o conocido de mi madre Petra María Rodríguez de ZambranoLes envío, por tanto, algunas fotos de esta, la tía hermosa, la que nunca levantó la voz, la que acabo de llamar en este momento para felicitarla por su nuevo cumpleaños y que me atendió con una voz dulcísima, atenta (parecida a las de las damas que hablan por parlante en los aeropuertos en varios idiomas). La tía que siempre he visto súper arreglada y elegante en todo sentido.
Lque gustosamente fue la primera en obsequiarme sus álbumes para que yo eligiera cualquier foto para hacer las Décimas; 
Tía Gilda ¿con quién?
pues con su sobrino preferido
la que se ofreció, y cumplió, para llevar un ejemplar de las Décimas a cada familia mía en Mérida en el año 2012.   En fin, a la tía cuya voz fraternal me recuerda mucho a la de mi madre y que, por todo lo dicho, me lleva a resumir en seis palabras toda una vida: 
te quiero, tía Gilda, feliz cumpleaños.

Miguelina, Miguelina
Sirva la presente entrada, además de cumplir para reseñar mi viaje hacia Mérida, como unas gracias públicas por lo que hiciste con tanto desprendimiento por mi querida madre Petra María Rodríguez de Zambrano. Sentimiento que, doy por seguro, es el mismo que tienen mis hermanos (Luis H, Luis C, Luisa, Josefina, Carmen C, Nixon −y Guaica desde la distancia).
La prima Miguelina
Por supuesto que estoy muy claro de que unas palabras no compensan todo el accionar tuyo, Miguelina, para guarecer a mi madre en tu casa (mover camas, hacer de enfermera, promover el amor hacia mi madre entre los tuyos, cambiar o modificar ciertos hábitos de tu hogar para no perturbar el sueño de mi mamá, en fin, sabes a qué me refiero). Y, como a veces (muchas veces) no encontramos las palabras apropiadas para agradecer como en realidad lo sentimos, prefiero escribirlo pues creo que así me es mucho más fácil desnudar mi alma:

Gracias,
 gracias, prima Miguelina, 
por todo lo que hiciste por mi madre; 
una deuda mía hacia ti y a los miembros de 
tu querida familia que siempre conservaré; una 
deuda que no se cancela con dinero sino con mi mejor 
pensamiento y deseos por tu familia y que Dios siempre los socorra
 en todo momento, al igual como tú hiciste, prima, con el ser que me trajo al mundo.